Tres formas de montar algo entre dos
Antes de hablar de impuestos conviene saber que no hay dos opciones, hay tres. La mayoría de la gente solo conoce los extremos y acaba eligiendo mal por no saber que existía la del medio.
- Cada uno por su cuenta, como autónomo. Dos personas dadas de alta por separado que trabajan juntas y se facturan entre ellas o facturan cada una su parte. Es lo más simple y lo más barato de arrancar. No existe "la empresa": existís tú y él.
- Una comunidad de bienes o una sociedad civil. Un paso intermedio: hay un acuerdo entre vosotros y un CIF común, pero sigue sin haber una empresa que os proteja. Se usa mucho en negocios que no necesitan mucha inversión. Cada comunero sigue respondiendo con lo suyo.
- Una sociedad limitada. Se crea algo nuevo, distinto de vosotros dos, con su capital, su nombre y sus cuentas. Cuesta más montarla y lleva más papeleo cada año, y es la única de las tres que mete un muro entre el negocio y tu casa.
Lo que de verdad cambia: de qué respondéis
Esta es la única diferencia que puede cambiarte la vida, y casi nunca es la que decide la conversación. En las dos primeras formas respondéis de las deudas del negocio con vuestro patrimonio personal. Si el negocio debe dinero y no puede pagarlo, lo que tienes fuera del negocio está dentro del problema.
En una sociedad limitada, como norma general, respondes de lo que pusiste. El negocio quiebra, y lo que pierdes es lo que metiste. Hay excepciones importantes: si firmas un aval personal en el banco o en el alquiler del local, ese aval te persigue igual aunque haya una sociedad por medio. Y los administradores responden si hacen las cosas mal.
La pregunta no es cuál cuesta menos. Es qué pasa con tu casa si esto sale mal.
Dicho en la calle: si vais a abrir algo que necesita obra, género, maquinaria, personal o un alquiler largo, la sociedad limitada deja de ser un lujo. Si vais a empezar con poco y facturando desde el primer mes, empezar como autónomos y constituir la sociedad cuando el negocio lo pida es una decisión perfectamente razonable.
Lo que cambia en el día a día
Más allá de la responsabilidad, estas son las diferencias que se notan cada mes. Ninguna es un argumento definitivo por sí sola, pero juntas explican por qué mucha gente aguanta años como autónoma.
- El arranque. Darse de alta como autónomo se hace en un rato. Constituir una sociedad lleva notario, registro y unos días, y tiene un coste de salida.
- El papeleo de cada año. Un autónomo lleva sus declaraciones. Una sociedad lleva contabilidad formal, cuentas que se presentan en el registro y, casi siempre, una gestoría fija. Eso es dinero todos los meses, no solo al principio.
- Cómo saca cada uno el dinero. En autónomos, lo que queda es tuyo y ya has tributado por ello. En una sociedad, el dinero es de la sociedad: para pasarlo a tu bolsillo hay cauces concretos, y mezclar la caja del negocio con la cuenta de casa es uno de los errores más caros que existen.
- Los impuestos. Un autónomo tributa por su renta personal, con tipos que suben según gana más. Una sociedad tributa por sus beneficios con un tipo propio, y las empresas nuevas tienen un tipo reducido sus primeros ejercicios con beneficio. A partir de cierto nivel de beneficio la sociedad suele salir mejor, pero ese punto depende de vuestros números concretos.
Sobre los importes y los tipos: cambian de un año a otro y hay variaciones según la comunidad autónoma y según vuestra actividad. Cualquier cifra que leas en un blog, esta página incluida, está vieja o no es tu caso. Los números de tu situación te los tiene que dar un gestor mirando lo que de verdad esperáis facturar.
Con qué preguntas ir al gestor
Una visita al gestor con estas cinco respuestas preparadas vale el triple que una visita preguntando "qué nos conviene". Él sabe de formas jurídicas; de vuestro negocio solo sabéis vosotros.
- ¿Cuánto esperamos facturar el primer año y el segundo, y cuánto creemos que nos vamos a quedar limpio?
- ¿Qué firmamos a nombre de quién? Alquiler del local, préstamo, leasing de maquinaria, avales.
- ¿Van a trabajar los dos en el negocio, o uno pone el dinero y el otro las horas?
- ¿Vamos a tener personal contratado, y cuándo?
- ¿Queremos poder dar entrada a alguien más adelante, o esto es cosa de los dos y nadie más?
Preguntas frecuentes
- ¿Podemos trabajar juntos siendo los dos autónomos, sin crear una sociedad?
- Sí, es perfectamente legal y es como funcionan muchísimos negocios pequeños. El punto débil es que no existe nada que separe el negocio de vuestro patrimonio personal, y que lo acordado entre vosotros vive solo en vuestra palabra si no lo firmáis aparte.
- ¿Qué es una comunidad de bienes y cuándo tiene sentido?
- Es un acuerdo entre dos o más personas para explotar algo en común, con un CIF propio pero sin crear una empresa que limite la responsabilidad. Suele usarse en actividades que no necesitan mucha inversión ni asumen grandes riesgos. Si el proyecto crece o se endeuda, se queda corta.
- ¿Cuándo conviene de verdad una sociedad limitada?
- Cuando hay riesgo que quieras acotar (deuda, personal, un alquiler largo, obra, maquinaria), cuando el beneficio esperado es alto, o cuando queréis que el reparto entre socios quede formalizado. También si pensáis dar entrada a alguien más adelante.
- ¿Puede uno ser socio y el otro estar contratado en el negocio?
- Se puede, y es una combinación habitual cuando uno pone el dinero y el otro las horas. Cómo se encaja eso depende de la forma jurídica, de la parte que tenga cada uno y de si hay control efectivo de la empresa, así que es una pregunta concreta para el gestor antes de hacer el alta.
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