01
Uno detrás de la barra, otro en casa
Es un reparto frecuente: uno pone el dinero y el otro el trabajo diario. Funciona mientras los dos sienten que aportan lo mismo. Cuando el que trabaja 60 horas a la semana empieza a pensar que el otro cobra sin sudar, la sociedad se rompe aunque el bar vaya bien.
02
Las noches y los fines de semana
Un bar abre cuando los demás descansan. Si uno de los dos tiene familia o no quiere cerrar a las tres, hay que saberlo antes de firmar el alquiler, no en el primer puente.
03
La caja
Mucho cobro en efectivo, mucho movimiento pequeño. Sin un sistema claro de cuadre diario, la desconfianza aparece sola, aunque nadie haya cogido nada.
04
A nombre de quién va todo
La licencia, el contrato del local, los proveedores, el préstamo. Si todo va a nombre de uno, el otro queda desprotegido el día que discutáis.