Por qué el 50-50 automático es un problema
Dos personas montan algo. Uno pone 30.000 euros y seguirá en su trabajo. El otro no pone nada y deja su empleo para estar doce horas al día en el local. Mitad y mitad, dicen, y a correr. Ha costado treinta segundos.
El problema llega en el mes nueve. El que puso el dinero ve que su dinero está dentro y no ha vuelto. El que puso el tiempo ve que lleva nueve meses sin un día libre mientras el otro cobra lo mismo por aparecer los sábados. Ninguno de los dos está siendo injusto: es que nunca decidieron cómo se valoraba cada cosa.
El 50-50 no es un reparto. Es el acuerdo al que se llega cuando nadie quiere hacer las cuentas.
Separa tres cosas que no son la misma
Casi todos los líos vienen de meter en un solo número tres cosas distintas. Sepáralas y la conversación deja de ser incómoda.
- La propiedad: qué parte del negocio es de cada uno. Es lo que cuenta si algún día se vende o se reparten beneficios.
- El sueldo: lo que cobra cada uno por el trabajo que hace cada mes. Trabajar no es ser dueño, es un trabajo y se paga.
- La devolución del dinero aportado: si alguien pone capital, decidid si eso es una aportación que compra propiedad o un préstamo que el negocio devuelve.
Con esa separación, el caso de arriba se resuelve solo: el que trabaja a diario cobra un sueldo por ese trabajo, el que puso el dinero recupera su aportación según lo pactado, y la propiedad se reparte según lo que cada uno aporta al conjunto, no según quién gritó más fuerte.
Cómo poner número a las horas
El trabajo se puede valorar sin inventar nada: ¿cuánto costaría pagarle a alguien para hacer eso mismo? Si para llevar la barra harían falta 1.800 euros al mes y tu socio lo hace, su aportación mensual se puede medir. Lo mismo con la gestión, la cocina o las ventas.
A partir de ahí hay dos caminos razonables, y los dos funcionan si se eligen a conciencia:
- Sueldo desde el principio. El que trabaja cobra, aunque sea poco, y la propiedad refleja sobre todo el dinero aportado. Más claro, pero exige caja desde el primer mes.
- Trabajo acumulado. Nadie cobra al principio y las horas no pagadas se van convirtiendo en porcentaje de propiedad, con un tope y una fecha. Aguanta mejor el arranque, pero hay que escribirlo con mucho detalle o se convierte en el conflicto de dentro de un año.
Lo que hay que dejar escrito aunque confiéis
No para protegerte del otro. Para protegeros los dos de vuestra propia memoria, que dentro de dos años recordará versiones distintas de la misma conversación.
- Qué pone cada uno: dinero, horas, local, maquinaria, clientes, licencias.
- Qué parte del negocio es de cada uno y por qué.
- Quién decide si no hay acuerdo, y en qué cosas.
- Cuánto cobra cada uno al mes y desde cuándo.
- Qué pasa si uno quiere irse, si uno deja de aparecer o si hace falta poner más dinero.
Preguntas frecuentes
- ¿El que pone el dinero debe tener más porcentaje?
- No hay una regla única. Lo razonable es valorar las dos aportaciones con el mismo criterio: cuánto costaría conseguir ese dinero y cuánto costaría pagar ese trabajo. Lo que casi siempre falla es no separar propiedad, sueldo y devolución del capital.
- ¿Puedo cambiar el reparto más adelante?
- Sí, pero es mucho más difícil que acordarlo al principio, porque para entonces ya hay dinero de por medio y alguien pierde. Si preveis que las aportaciones van a cambiar, dejad escrito desde el principio cómo se revisa y cuándo.
- ¿Hace falta un abogado para el pacto de socios?
- Para firmar el pacto definitivo, sí: un gestor o un abogado es quien lo redacta y lo adapta a vuestro caso. Lo que podéis hacer vosotros antes es llegar con las decisiones tomadas, que es la parte que más tiempo y dinero ahorra.
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