Cómo encontrar socio para un negocio sin conformarte con el primero

Casi nadie elige a su socio. Le toca. Y luego pasa cinco años pagando una decisión que tomó en dos semanas.

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Dos tazas de café servidas, una frente a otra, en una mesa de madera.

Tu lista de candidatos tiene tres nombres

Piensa un segundo en con quién montarías algo mañana. Te van a salir dos o tres nombres, como mucho. El cuñado que tiene algo ahorrado. El compañero de trabajo que está tan harto como tú. El del gimnasio que también le da vueltas a abrir algo.

Ninguno de los tres está en esa lista por ser el socio adecuado. Están porque les ves a menudo. La lista no la has hecho tú: la ha hecho tu horario. Y de una lista de tres personas elegidas por casualidad, la probabilidad de que salga el socio que tu negocio necesita es la que es.

No elegiste mal. Es que no elegiste: aceptaste al que estaba ahí.

Esto explica algo que se ve mucho: gente capaz, con oficio y con las cuentas claras, que acaba atascada en una sociedad que no funciona. El negocio estaba bien. La elección se hizo entre tres nombres.

Qué estás buscando en realidad

El error más común es buscar a alguien parecido a ti. Es cómodo, las conversaciones son fáciles y todo suena bien en la primera cerveza. Pero dos personas iguales tienen las mismas virtudes y, lo que de verdad importa, los mismos agujeros. Dos buenos cocineros sin nadie que mire los números es un negocio con los días contados.

Antes de buscar a nadie, escribe qué te falta a ti. Suele ser una de estas cuatro cosas, y casi nunca es la que dices en voz alta.

  • Dinero. No tienes para arrancar, o lo tienes pero quedarte a cero te deja sin colchón.
  • Oficio. Sabes vender, pero no sabes cocinar, cortar el pelo, reparar o lo que sea el negocio. O al revés.
  • Manos y horas. Sabes hacerlo todo y no te da la vida. Un negocio con horario de apertura necesita dos personas, no una muy motivada.
  • Aguante. Lo tienes todo y sigues sin empezar. Lo que te falta es alguien que te obligue a hacerlo y a quien no puedas dejar tirado.

Hay un quinto factor que no es una capacidad, pero manda igual: la distancia. Un bar, una peluquería o un taller necesitan a alguien que pueda estar ahí. El mejor socio del mundo a trescientos kilómetros no es tu socio.

Las tres cosas que hay que saber de alguien antes de poner dinero

Da igual cómo hayáis llegado el uno al otro. Antes de que haya un euro en común, de esa persona tienes que saber tres cosas, y ninguna se averigua tomando algo.

  1. Cómo entiende el dinero. Cuánto puede poner sin que le cambie la vida, cuánto tiempo aguantaría sin sacar nada del negocio y qué haría si hubiera que poner más a mitad de camino.
  2. Cuántas horas va a estar, de verdad. No "las que hagan falta". Días concretos y franjas concretas los primeros seis meses, dicho en voz alta delante de ti.
  3. Quién decide cuando no estéis de acuerdo. Si la respuesta es "ya lo hablaremos", acabas de descubrir el problema del segundo año.

Si las tres respuestas encajan con las tuyas, tienes un socio. Si chocan en una, tenéis un tema que cerrar por escrito. Si chocan en las tres, acabas de ahorrarte el peor año de tu vida en una conversación de una hora.

Cómo saber si encajáis sin jugaros dos años

La intuición no sirve aquí. Confundimos "me cae bien" con "vamos a trabajar bien juntos", y son cosas distintas que ni siquiera se parecen. La investigación de Noam Wasserman sobre fundadores apunta justo a eso: montar con la gente de tu círculo es una de las decisiones que más conflictos genera después, precisamente porque la confianza personal hace que nadie quiera poner condiciones por escrito.

Lo que sí se puede medir es si dos personas entienden igual el dinero, el esfuerzo, el poder de decidir y el conflicto. Eso es lo que hace el test de SuperSocio: 7 preguntas que sitúan tu postura en cada uno de esos temas, y un informe que te dice qué tipo de socio eres, cuál te complementa y dónde vas a chocar.

Y cuando aparece alguien compatible, hay un paso más antes del dinero: el prepacto. Cada uno responde por separado a los temas que de verdad rompen sociedades y luego veis en qué coincidís y en qué no, sin ver la respuesta del otro hasta que los dos habéis contestado. Es la conversación incómoda, pero hecha en orden y sin que nadie quede señalado.

Preguntas frecuentes

¿Es mejor buscar un socio parecido a mí o diferente?
Diferente en capacidades y parecido en valores. Lo que tiene que complementarse es lo que cada uno sabe y aporta; lo que tiene que coincidir es cómo entendéis el dinero, el esfuerzo y quién decide. Dos personas idénticas comparten también los mismos agujeros.
¿Cuánto tiempo hay que conocer a alguien antes de hacerse socios?
Importa mucho menos el tiempo que las conversaciones. Puedes conocer a alguien de quince años y no haber hablado nunca de dinero ni de quién manda. Antes de firmar hace falta haber hablado de dinero, horas, decisiones y salida, aunque os conozcáis de toda la vida.
¿Tiene que vivir cerca mi socio?
En un negocio con local y horario de apertura, sí: alguien tiene que poder estar ahí. En negocios que no dependen de un sitio físico importa menos. Por eso en SuperSocio la cercanía cuenta a la hora de enseñarte personas compatibles.
¿Qué hago si no conozco a nadie con quien montar algo?
Empieza por el informe de tu test, que te dice qué tipo de socio necesitas antes de ponerte a buscarlo. Saber qué te falta convierte una búsqueda vaga en un criterio, y evita decir sí a la primera persona que se ofrezca.

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